Torre de Petřín y Laberinto de Espejos
La primera vez que subí a Petřín, tuve la sensación de dejar atrás la bulliciosa Praga y entrar en un mundo completamente distinto. Bastan unos minutos a pie o un viaje en funicular para encontrarte rodeado de vegetación, desde donde la ciudad parece un decorado pintado. Y es precisamente aquí donde se encuentran dos lugares con un encanto muy especial: la Torre de Petřín y el Laberinto de Espejos.
Torre de Petřín: una pequeña Torre Eiffel con grandes vistas
La Torre de Petřín es uno de esos lugares que nunca decepcionan. Sea verano, otoño o pleno invierno, la vista desde arriba siempre quita el aliento. La torre fue construida en 1891 como una inspiración libre de la Torre Eiffel y, aunque es mucho más pequeña, su encanto es inconfundible.
Cuando subes hasta la cima (por las escaleras o en ascensor), se abre ante ti un panorama completo de Praga: Hradčany, el Moldava, la Ciudad Vieja, la torre de Žižkov… todo como en la palma de la mano. Es uno de esos lugares donde uno se detiene, olvida el tiempo y simplemente mira.


Laberinto de Espejos: un regreso a la infancia
A pocos pasos de la torre se encuentra el Laberinto de Espejos, que es exactamente como debe ser: un poco anticuado, un poco kitsch, pero increíblemente divertido. Entras y, de repente, vuelves a ser un niño. Los espejos te estiran, te encogen, te deforman y te sorprendes riéndote como cuando eras pequeño.
En el interior también hay una diorama histórica de la batalla del Puente de Carlos, que recuerda la defensa de Praga contra los suecos en 1648. Es una combinación curiosa —un poco de humor, un poco de historia— pero precisamente eso hace que el laberinto sea tan único.
Por qué visitarlo
La Torre de Petřín y el Laberinto de Espejos son una parada ideal cuando quieres escapar un momento del centro sin perder la atmósfera de Praga. Es un lugar donde se mezclan romanticismo, historia y diversión. Vayas en pareja, con la familia o solo, Petřín siempre te recompensa con una vista preciosa y buen ánimo.
Si estás planeando un paseo por Praga, Petřín es sin duda uno de esos lugares que no deberías dejar pasar. Es como una pequeña excursión dentro de una gran ciudad.







